
Antonio Orellana, “un exponente aún felizmente vivo del exilio cultural español provocado por la dictadura franquista”, nació en la calle Sevilla de Zafra en 1923 y en 1945 salió desde Lisboa hacia el exilio en México. A lo largo de su carrera suma doscientas películas como guionista, director o productor, que lo convierten en “uno de los más veteranos autores de la cinematografía popular mexicana”. No pudo viajar y recoger en mano su premio. Envió unas cuartillas en las que agradece el galardón y evoca varios episodios de su vida, entre ellos la muerte de su madre en Badajoz, en septiembre de 1936. Fue Antonio quien la encontró agonizante en el patio de su casa, donde las tropas franquistas se habían presentado para llevarla presa. Su madre, comadrona, lo evitó degollándose con una navaja barbera.
Pepe Carrasco es hombre de cine y zafrense, como Antonio Orellana. Con su corto ha conseguido narrar una historia que el mismo Labordeta, en su última colaboración artística, había creído imposible trasladar al lenguaje cinematográfico. Son historias sin palabras.
Pepe Carrasco es hombre de cine y zafrense, como Antonio Orellana. Con su corto ha conseguido narrar una historia que el mismo Labordeta, en su última colaboración artística, había creído imposible trasladar al lenguaje cinematográfico. Son historias sin palabras.