
● Los estereotipos, positivos o negativos, falsean la realidad con la excusa de interpretarla. Qué peligrosas son las generalizaciones. Y qué tentadoras... El sociólogo Ignacio Sotelo publica hoy esta reflexión: "uno de los síntomas más preocupantes del estado actual de las democracias es el creciente desprestigio de los políticos, a los que se les considera tan ineptos como corruptos". Es incontestable ese arranque del artículo. Pero "El descrédito de la política" pone el acento de la innovación –de la innovación que el articulista reclama– más en las organizaciones que en las personas. Y quizás el cambio que precisamos no pasa tanto o primero por los partidos como por los políticos y las políticas. (Al fin y al cabo, la ética es sólo teoría: teoría de la moral que guía las conductas.)
● Enternece José Montilla cuando pide respeto para "los miles de personas" que se dedican a la política con rigor. Respeto, nada menos que respeto. Es un ruego desgarrador el del president. Sí, no hay que obsesionarse con mejorar la imagen de la política: hay que modificar, erradicar o, en algunos casos, castigar las conductas de unos pocos políticos. No, no basta.
● Emocionémonos. No con los escándalos, que siguen indignando y ya ni nos sorprenden, sino con una mirada diferente: como la de que "Lo personal es lo político", título de la entrada de un blog que emociona: Memorias del futuro imperfecto. Ser concejal no te hace más listo ni te hace impune. Ser político no te hace menos persona.
[Ética]