
Aunque hay más de uno que necesitaría lecciones de democracia, Berlusconi sin ir más lejos, tener la posibilidad de emitir un voto es cuestión más de urbanidad que de democracia. Por supuesto que hay quien además necesita lecciones de urbanidad, por ejemplo Berlusconi. Pero la gente seria, en el siglo XXI y haciendo uso de las tecnologías de la comunicación, sabemos que ejercer la democracia es más que votar. Es el caso de Berlusconi, que no por recibir votos para presidir el Consejo de Ministros de Italia termina de convertirse en un sujeto que transmita credibilidad democrática.
Cuando he leído la citada noticia sobre Facebook, me encontraba rastreando en la red grupos partidarios de la muerte digna. Lo hacía después de escuchar que Beppino Englaro y trabajadores del hospital donde murió Eluana están siendo investigados por presunto homicidio voluntario. Mi búsqueda, por cierto, ha sido por el momento descorazonadora. En España, Patxi López y Pérez Touriño han sido los últimos en incluir en sus respectivos programas electorales –de los votos vascos y gallegos depende que desde mañana sean programas de gobierno– el respeto y el fomento de una muerte digna, pese a los titubeos del gobierno central sobre la disponibilidad de la propia vida. Mientras, la actuación de los poderes italianos contra el padre de Eluana sigue siendo indignante, espantosa, inhumana. A mi modo de ver, antidemocrática. Vulnera la fuerza de la razón y las reglas del estado de derecho. Desprecia el respeto debido a que las personas decidamos sobre lo que es íntimamente nuestro (nuestra conciencia, nuestro cuerpo, nuestro dolor) por nosotras mismas. La democracia real, en fin, no se construye sólo con el voto.